Crack!pairing: Seiya/Haruka, -insinuación de yuri (chica x chica)-.
Hazlo.
Cuando Haruka regresó al salón las encontró tal como las había dejado segundos antes, riendo y charlando y bebiendo vino.
―Michiru ―llamó. Le hizo un gesto suave cuando ella la miró, intrigada―. Tienes una llamada.
Michiru sonrió a la invitada, y dejó la copa en la mesita frente a ellas.
―Discúlpame, Seiya ―pidió, con un azoramiento adorable y juvenil en las mejillas risueñas―. Volveré enseguida ―. Salió.
―Claro.
Con un disimulado suspiro se sentó junto a Seiya, en el lugar que acababa de abandonar Michiru. No pasó por alto la mirada que le dirigía la mujer de cabello negro y shorts apretados, ni siquiera ese gesto de coquetería que parecía formar parte habitual en sus expresónes y movimientos. No la miró. Tomó la copa medio vacía y bebió el último trago.
―¿Siempre haces eso?
―¿Perdón?
Seiya se inclinaba muy cerca, las cejas ligeramente fruncidas y la mirada traviesa.
―Eso… ignorar a la gente ―, aclaró.
Oh. Genial. Haruka inspiró profundamente y en una arrebato de cordialidad le sonrió, en un intento de no enfadar a la gran amiga de su novia.
―Huy, se te da fatal disimular.
Se llevó la copa a los labios, seductora. Haruka miró a otro lado. Eran apenas las once y ya se preguntaba cuando aquella intrusa desaparecería de su casa, de la ciudad, y más específicamente, de su vida.
―No te recordaba así, en la universidad actuabas más normal.
―¿No?, para mí sigues siendo la misma zorra de siempre.
Seiya pasó por alto el insulto, especialmente porque ya se veía venir que Haruka no se mordería la lengua mucho tiempo más. Le echó una mirada a la puerta por la que Michiru había desaparecido y, tras comprobar que todavía se oía su voz respondiendo al teléfono, se acercó todo lo que pudo a Haruka.
Ahora sus rostros estaban muy juntos. Haruka no podía dejar de mirarla.
―¿Me lo vas a decir?
―¿Qué?
―¿Porqué estas en la Universidad si te importa una mierda?
―No te metas.
Se dio la vuelta, apretando el casco debajo del brazo y abriendo la puerta de su auto. Se detuvo, maldiciendo entre dientes. Al darse la vuelta, ella seguía allí.
―Mantén la boca cerrada.
Seiya le sonrió, confidencial.
―Guardaré el secreto.
―…
-¿Sabes por qué?
―…
Haruka la vio morderse los labios, y después, coqueta, como siempre, le guiñó uno de aquellos ojos tan azules que mareaban. Bufó.
―Lo que sea ―hizo un ademán al aire de casi desesperación. La lengua le sangró ácido cuando volvió a hablar―: g-gracias.
Seiya le susurró, bajando el tono de voz, reteniéndole la mirada sin pestañear:
―Todas las noches ibas a esa pista y corrías, sin importar si llovía o si el mundo se caía a pedazos sobre tu cabeza ―miró cada suave línea en el rostro de Haruka ―. Lo único que querías era volar, como el viento…
―…no es tan sólo la adrenalina. Sino el pensar que puedo desafiar al viento, al tiempo, a cualquier cosa y ser…
―…
―… olvídalo.
―¿Porqué?
―No importa.
―Y tú estabas ahí cada noche ―respondió ella, mostrándose confundida―. ¿Por qué?
―Kou, ¿cuándo vas a dejarme en paz?
―No lo sé, me interesa mucho todo esto. Verte correr, tu excelente humor, tener cómo extorsionarte si llego a necesitarlo…
―Vete a la mierda.
―¿Michiru nunca lo supo? ―cambió de tema, volviendo a beber un trago de vino tinto.
―No.
Seiya le dedicó una mirada escéptica.
―Claro que no.
Michiru podía ser un encanto y una mujer maravillosa… pero era muy apegada a sus reglas de sociedad.
Se acomodó el tirante de la blusa con un movimiento indiferente, disfrutando del contacto sutil que mantenía con el cuerpo de Haruka. Y cuando levantó la vista, se detuvo justo en su boca.
Se preguntaba si Haruka se atrevería a besarla. Si volvería a besarla como esa vez, esa única vez que terminó en una discución a causa de su temor por lo que pudiera significar para ambas. Seiya lo sabía muy bien, lo había sabido mucho mejor que la cabezadura de Haruka. E inconcientemente se inclinó un poquito más cerca, observando cómo Haruka parecía estar atravesando alguna especie de lucha interna, evidenciada por los cambios que sufría su expresión, cambios intransigentes, a veces evidentes.
Sólo hazlo.
―Bueno…
Era Michiru. Instantáneamente, se alejaron la una de la otra.
Después de algún incómodo silencio, una leve disculpa y una nueva botella de vino abierta, retomaron la conversación donde la habían dejado.
Haruka consiguió una excusa para marcharse una vez más.
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